jueves, 10 de septiembre de 2020

ECO # 56. SEPTIEMBRE DE 2020 / Editorial (EPM)

 

Era hora...

Era hora de saber por qué algunos se creen imprescindibles y dicen que solamente donde están ellos está Antioquia. Además, los mismos, amparados en esa patente que se inventaron, se molestan porque otros sacan del silencio sus decisiones equivocadas y cobran deudas que se iban disipando entre el juego de complicidades entre aliados que gritaban viva lo público para aprovecharse de ello.

 Y tienen razón al reaccionar airadamente, prolongaron-heredaron puestos por tantos años que, sin darse cuenta, fueron invisibilizando colectivos que no podían ingresar a ese círculo selecto y ellos sintieron a EPM como de su propiedad al interiorizar que son los únicos que saben y pueden administrarla. Claro, ellos, al saber que pueden asignar contratos a empresarios amigos, perdonarse los errores, sentirse dueños de la tierra y la vida para imponer megaproyectos, definir aliados y alianzas, trazar líneas divisorias para señalar amigos y enemigos se van sumergiendo en una especie de “embrujo autoritario", en una soberbia insufrible.

 El Estado, representado por el municipio de Medellín, al manejar finos hilos de la economía antioqueña y claras relaciones con la nacional, así como al ser sujeto de tentativas ofertas del capital internacional que añora invertir en territorios plenos de recursos y riquezas naturales, incrementa la imaginación para los negocios de las Juntas Directivas de EPM y son capaces de crear mecanismos invisibles, de construir un entramado de negocios para beneficio de un grupo, mas no de la sociedad.

 Creando un engranaje sutil, cuyos designios al interior de la entidad conocemos parcialmente. Ese entramado entre lo estatal y el GEA lleva a que los ciudadanos tengamos que pagar con el alza de tarifas y más impuestos lo que subrepticiamente succionaron al Estado.

 Ya era hora de contar con gente que entendiéndola bien o estando en medio de la comuna popular, levanten la voz de defensa de lo público y desarrollen gestiones administrativas serias y confiables para la ciudadanía. Por esto, los del grupo y el club, quedan a disgusto.

 Allí hemos llegado, porque ya era hora de saber que las connotadas figuras públicas o sea los del club de ex miembros de la Junta de Directiva de EPM y sus seguidores y beneficiarios, consideraban delito o ataque a Medellín, pedirles cuentas y cobrarles las deudas con la ciudad. Exigen que no se hable, que no hay por qué aclarar sus negocios fallidos en América Latina, reaccionan señalando que eso es una interferencia que acaba la confianza de las financieras e inversionistas que juegan sus aventuras en la bolsa de valores internacional.

 Ya era hora de ver que la vida de nuestra empresa pública no puede ser al capricho del club de ex miembros de la junta directiva de EPM y es necesario que se mire si las decisiones de ellos, los que renunciaron, han repercutido a favor de la antioqueñidad y Colombia, pues si hay que revisar y ver si ellos son los únicos que pueden reclamar aplausos públicos por obras terminadas y ocultar beneficios y dividendos para sus empresas contratistas de EPM.

 Ya era el momento de revisar las gavetas y archivos de la Junta Directiva para hurgar en la causa de sus desaciertos, así ese club empresarial del GEA crea tener derecho a loquear y responder ferozmente a las críticas y demandar agresivamente solidaridad y ayuda económica nacional para enmendar los errores que cometieron.

 Este momento, es buena hora para exigir respeto a lo público y a los derechos de los trabajadores de EPM, verdaderos generadores de las ganancias que hoy se disputan entre ellos, queriendo utilizar como "barras bravas" a la sociedad, y en particular a sus amigos profesionales al interior de la entidad.

 Era hora, de entender que estamos prestando servicios públicos en toda Colombia sorteando competencias desleales, sin ser los antioqueños los únicos que sabemos y tenemos experiencia en construcción de obras de alta ingeniería.

 Por encima de los compromisos contractuales en obras de alta ingeniería, el afán de cumplirle al capital internacional llevó a ofrecer primas para cumplir los tiempos del contrato, pasaron por encima de lo técnico y científico de la ingeniería exponiendo muchas poblaciones a altos riesgos y a daños irreversibles del medio ambiente, al tiempo que se generaban sobre costos al proyecto, como sucedió en Bonyic (Panamá), Porce III (Antioquia), Antofagasta (Chile), entre otros. Era hora de no seguir guardando silencio sobre los responsables de estos errores y tanto dolo.

 Es hora de que los trabajadores y la población de usuarios asumamos clara postura en defensa del patrimonio público, rescatándolo de los usurpadores, así existan sectores del sindicato de profesionales defendiendo el rancio club de ex miembros de la junta directiva de EPM, profesionales que como estafetas o alfiles de los dueños del gran capital están empeñados en generar una falsa crisis institucional, un caos artificial.

 Ya era la hora y la oportunidad, porque fracasaron y, en vez de explicar y rendir cuentas claras, pretendieron tapar lo evidente.

 En buena hora se asumen decisiones democráticas entorno a lo público, sin embargo, eso no es suficiente, aún falta democratizar lo público llegando con más amplio radio de acción de servicios y tarifas para favorecer a los sectores más desfavorecidos, para así poder hablar de la predominancia de lo público y considerar a los usuarios como dueños-beneficiarios y no como clientes que tributan a los dueños del mercado.

 

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